Erase una vez la camilla, una lona con una vara a cada lado. De imágenes de ayer a versiones automáticas y rescates extremos

Erase una vez la camilla, una lona con una vara a cada lado. De imágenes de ayer a versiones automáticas y rescates extremos

No se puede determinar a ciencia cierta cuándo se utilizó por primera vez una camilla.

Su historia no puede prescindir de la del rescate.

Las primeras pruebas documentadas de algo parecido al concepto de asistencia se remontan a la época de las Cruzadas, en el siglo XI, cuando los Caballeros de S. Juan, tras recibir los rudimentos médicos de manos de expertos árabes y griegos dieron vida a la primera organización dedicada a labores de auxilio de heridos en batalla.

Los Caballeros Hospitalarios les llevaban a tiendas de campaña equipadas para curarlos. Algunos soldados fueron recompensados por prestar servicio en tareas de transporte, presumiblemente efectuado sobre la propia espalda.

En 1792 el Barón Dominique Larrey, cirujano responsable de la Gran Armada Francesa, dio vida al primer cuerpo militar médico oficial. Nació así una organización sistemática de rescate que preveía el transporte de heridos en camilla y carros tirados a mano desde el lugar donde se producían los accidentes hasta el hospital.

En 1859 Henry Dunant, humanista y filántropo suizo, llegó a Solferino y organizó a la población local para que pudiera ayudar a los soldados supervivientes de la homónima batalla, encargándose de la adquisición del material necesario para la construcción de estructuras improvisadas en las que curar a los heridos. Cuatro años más tarde, en 1963, nació la Cruz Roja, destinada a la ayuda de soldados enfermos y heridos en el campo de batalla.

Le siguió la St. John Ambulance, basada en los mismos principios que la Orden de los Caballeros Hospitalarios: aplicar y enseñar técnicas de rescate.

En general la camilla, como revelan muchas imágenes de finales del siglo XIX, principios del siglo XX y de ambas Guerras Mundiales expuestas en muestras y museos de todo el mundo, coincide con la idea misma de ambulancia: sirve para transportar al enfermo/herido de forma rápida y segura.

Inicialmente dos camilleros la transportaban a mano. Después, cuando se añadieron dos grandes ruedas – eventualmente con una tapa protectora -, una persona era suficiente para empujarla. Este sería el antepasado del actual vehículo de rescate, incluida la versión de tiro (tirada por caballos), como una auténtica carroza.

El concepto principal de la camilla de hoy en día es el mismo: reducir al máximo eventuales daños al paciente durante el trayecto al hospital.

Actualmente las camillas disponen de ruedas, consintiendo un transporte fácil y cada vez más seguro porque – sobre todo en los últimos años – se han ido enriqueciendo con detalles funcionales que indiscutiblemente las han transformado.  

Las versiones modernas cuentan con una especie de cama de dimensiones reducidas montada sobre un armazón metálico regulable en altura dotado de ruedas. Normalmente son plegables y permiten asegurar al paciente con correas y lazos para evitar, en el peor de los casos, una caída, y en el más probable, agravar las lesiones en caso de movimientos bruscos.

Las camillas médicas, diseñadas para ser cargadas en ambulancia, son de diversos tipos. En primer lugar se dividen en automáticas y normales. Las camillas automáticas tienen patas retráctiles y ruedas giratorias. Se usan para cargar a los pacientes en el vehículo. Para realizar esta operación es necesaria una única persona, mientras que en el caso de la camilla semiautomática son necesarias dos. También existe la camilla cuchara, generalmente de metal y a menudo combinada con el sistema sujeta-cabeza, dedicada e ideada para trasladar a pacientes con traumas del terreno a la tabla espinal o al colchón de vacío.

Otras versiones incluyen camilla de recuperación – cesta usada por los bomberos-  y camilla vertical para extraer personas de cuevas y grutas. Son camillas para usar en condiciones extremas, en nieve y hielo por ejemplo, cuando no se puede usar una camilla normal.

La familia de las camillas, considerada como un sistema de transporte de pacientes incapaces de caminar por sí mismos, incluye sillas de evacuación, ampliamente difundidas tras el 11 de septiembre de 2001. Se trata de sillas de ruedas plegables, listas para ser usadas e ideales para bajar por las escaleras con seguridad en caso de incendio, con la ayuda de un único operador.

Otro tipo de camilla especial es la camilla dividida, separada en dos partes. Se puede extraer del armazón o del soporte con ruedas y usarse cuando las circunstancias no permiten movimientos cómodos.

La gama se extiende a otras versiones como camilla para el rescate en mar o camilla pararescate a alta cota, estudiadas para casos extremos en los que son necesarios cuidados específicos.

Los cambios de las funciones y prestaciones de las camillas no dependen solo de la ingeniería aplicada ni de la elección de los materiales – cada vez más dúctiles y tecnológicos-.

El concepto que caracteriza a la camilla moderna es el hecho de ser parte integrante de la ambulancia, hasta el punto de ser estudiada en completa sinergia. Sobre la camilla los operadores llevan a cabo, entre otras cosas, procedimientos anti shock y reanimaciones cardio pulmonares. Se trata de un auténtico instrumento de trabajo que requiere eficacia máxima.

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