Mark y Billy: socorrido y socorredor se reencuentran 15 años después del accidente

Mark y Billy: socorrido y socorredor se reencuentran 15 años después del accidente

Una historia de 15 años para desvelar la relación que se puede instaurar entre paciente y socorredor, entre dos personas que, a su pesar, compartieron un momento crucial en sus vidas. Es 11 de junio de 1998, el agente de policía Mark Johnson vuelve a casa saboreando ya la cena que le espera tras una larga, cálida y húmeda jornada de trabajo. En ese momento la radio de servicio le señala un accidente de tráfico en Shore Drive, Virginia Beach, Virginia, EEUU. Un auto, tras haberse estrellado contra un poste, ha volcado y se encuentra en llamas. El agente Johnson, se precipita a abrir la puerta del vehículo y ve a un joven inconsciente, bloqueado por el cinturón de seguridad, con las piernas envueltas en llamas provenientes del salpicadero. Una vez sofocado el incendio, el joven es atendido por los médicos de una ambulancia que llega al lugar del accidente rápidamente. 

Ahora al agente Johnson le llega el momento de resolver los pertinentes trámites burocráticos, rellenar formularios de servicio y demás papeleo. En este momento descubre que el joven gravemente herido se llama Billy Alred, tiene 21 años y lucha por su vida en la unidad de reanimación del hospital. En su camino de vuelta a casa Mark no deja de pensar en el joven con las piernas gravemente quemadas, al hecho de que sus vidas se hayan cruzado durante 10 trágicos minutos y no haber podido hacer nada más por él. Escuchando esa vocecita en su interior, Mark Johnson va varias veces a visitar a Billy al hospital, que se encuentra en coma farmacológico en condiciones muy graves como consecuencia de las quemaduras en las piernas. Sus padres se lo describen como un chico deportista, que practica luche libre y va en mountain bike.

Al final, tras un mes de hospitalización, Billy se despierta. No puede usar las piernas porque las quemaduras han provocado profundos daños en el sistema nervioso. Los médicos plantean la amputación como solución a los fuertes dolores que le acompañan y Billy acepta. Una vez realizada la intervención, cae en una depresión. Abandona a su novia, con la que tenía planes de boda, y vuelve a casa de su madre. En ese momento, el agente Mark Johnson es premiado por su coraje en el rescate de Billy, recibiendo la cruz de plata al mérito. Sin embargo, por dentro le carcome el remordimiento de no haber podido salvar antes al joven deportista.

Billy resurge, se une a un grupo de ayuda para amputados y, con fatiga, empieza su vida con las prótesis, practicando deporte y enseñando lucha libre a otros jóvenes. Se casa y tiene dos hijos. Mark prosigue su  carrera de agente y en el tiempo libre hace jogging con algunos amigos en Chesapeake’s Oak Grove Lake Park. También él se casa y tiene un niño. Una tarde en la que sale a correr, Mark cuenta a sus amigos el accidente y la historia de Billy. Una amiga común les pone en contacto, en un primer momento a través de Facebook, más tarde en persona en un encuentro con sus respectivas familias. En un momento de gran emoción común, Billy y Mark se abrazan 15 años después del accidente, dejando aparte remordimientos y sentimientos de culpa. El rescate les ha hecho íntimos, casi hermanos. Son dos personas más ricas tras tribulaciones físicas y psicológicas que han tenido que afrontar.

Una historia de 15 años para desvelar la relación que se puede instaurar entre paciente y socorredor, entre dos personas que, a su pesar, compartieron un momento crucial en sus vidas. Es 11 de junio de 1998, el agente de policía Mark Johnson vuelve a casa saboreando ya la cena que le espera tras una larga, cálida y húmeda jornada de trabajo. En ese momento la radio de servicio le señala un accidente de tráfico en Shore Drive, Virginia Beach, Virginia, EEUU. Un auto, tras haberse estrellado contra un poste, ha volcado y se encuentra en llamas. El agente Johnson, se precipita a abrir la puerta del vehículo y ve a un joven inconsciente, bloqueado por el cinturón de seguridad, con las piernas envueltas en llamas provenientes del salpicadero. Una vez sofocado el incendio, el joven es atendido por los médicos de una ambulancia que llega al lugar del accidente rápidamente. 

Ahora al agente Johnson le llega el momento de resolver los pertinentes trámites burocráticos, rellenar formularios de servicio y demás papeleo. En este momento descubre que el joven gravemente herido se llama Billy Alred, tiene 21 años y lucha por su vida en la unidad de reanimación del hospital. En su camino de vuelta a casa Mark no deja de pensar en el joven con las piernas gravemente quemadas, al hecho de que sus vidas se hayan cruzado durante 10 trágicos minutos y no haber podido hacer nada más por él. Escuchando esa vocecita en su interior, Mark Johnson va varias veces a visitar a Billy al hospital, que se encuentra en coma farmacológico en condiciones muy graves como consecuencia de las quemaduras en las piernas. Sus padres se lo describen como un chico deportista, que practica luche libre y va en mountain bike.

Al final, tras un mes de hospitalización, Billy se despierta. No puede usar las piernas porque las quemaduras han provocado profundos daños en el sistema nervioso. Los médicos plantean la amputación como solución a los fuertes dolores que le acompañan y Billy acepta. Una vez realizada la intervención, cae en una depresión. Abandona a su novia, con la que tenía planes de boda, y vuelve a casa de su madre. En ese momento, el agente Mark Johnson es premiado por su coraje en el rescate de Billy, recibiendo la cruz de plata al mérito. Sin embargo, por dentro le carcome el remordimiento de no haber podido salvar antes al joven deportista.

Billy resurge, se une a un grupo de ayuda para amputados y, con fatiga, empieza su vida con las prótesis, practicando deporte y enseñando lucha libre a otros jóvenes. Se casa y tiene dos hijos. Mark prosigue su  carrera de agente y en el tiempo libre hace jogging con algunos amigos en Chesapeake’s Oak Grove Lake Park. También él se casa y tiene un niño. Una tarde en la que sale a correr, Mark cuenta a sus amigos el accidente y la historia de Billy. Una amiga común les pone en contacto, en un primer momento a través de Facebook, más tarde en persona en un encuentro con sus respectivas familias. En un momento de gran emoción común, Billy y Mark se abrazan 15 años después del accidente, dejando aparte remordimientos y sentimientos de culpa. El rescate les ha hecho íntimos, casi hermanos. Son dos personas más ricas tras tribulaciones físicas y psicológicas que han tenido que afrontar.

 

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