Esteatosis hepática: causas y tratamiento del hígado graso

El hígado graso, si se descuida, puede conducir a la inflamación del hígado mismo. Se denomina esteatosis hepática o EHGNA, que significa “hígado graso de causa no alcohólica”, y consiste en una acumulación excesiva de grasa en las células del hígado

Según estadísticas recientes, más del 20% de los adultos y el 15% de los niños se ven afectados.

El hígado graso: cómo se acumula y por qué es peligroso

Es normal que se acumule cierta cantidad de grasa en el hígado, pero cuando el porcentaje supera el 5% del peso del órgano, entonces se desarrolla la enfermedad.

La grasa se acumula porque llega demasiada energía al hígado en forma de ácidos grasos, que provienen del exceso de azúcar y grasa (como sucede en la diabetes y la obesidad).

Estos ácidos son tóxicos para el hígado porque oxidan y dañan las mitocondrias, las 'baterías' que producen la energía necesaria para la vida de la célula.

El hígado trata de protegerse neutralizando y acumulando los ácidos grasos en forma de gotitas de triglicéridos.

EHNA, esteatohepatitis no alcohólica

Si continúa la afluencia de ácidos grasos al hígado, este mecanismo protector ya no es suficiente y se desarrolla una enfermedad hepática con inflamación y fibrosis (endurecimiento del hígado), una condición conocida como NASH (esteatohepatitis no alcohólica).

La NASH es más peligrosa que la esteatosis (NAFLD), porque puede provocar cirrosis hepática.

En otras palabras, es un poco como mantener su teléfono móvil constantemente cargado: eventualmente la batería se daña y el teléfono móvil deja de funcionar.

Hígado graso y peso corporal

La mayoría de NAFLD está relacionada con el síndrome metabólico, que se caracteriza por tener sobrepeso, resistencia a la insulina o diabetes, niveles altos de triglicéridos, presión arterial alta y aumento de la grasa abdominal visceral.

Esta condición se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, pero también puede facilitar el desarrollo de tumores y causar daño hepático.

En algunos casos también puede ocurrir en pacientes delgados, es decir, aquellos con un IMC (Índice de Masa Corporal) inferior a 25 (en este caso hablamos de EHGNA delgada). Esto se debe a que, aunque tienen un peso normal, aún acumulan grasa visceral.

Luego están las personas obesas, los llamados obesos sanos, en los que la grasa visceral está presente pero es más 'buena' y no provoca daño hepático'.

Por lo tanto, está claro que el panorama es más complejo y matizado que la ecuación sobrepeso/obesidad = enfermedad hepática.

Posibles causas de la esteatosis (o hígado graso)

Lo que realmente importa es la cantidad y la "calidad" de la grasa visceral.

La grasa visceral es endocrinológicamente activa, secretando hormonas como la adiponectina y la leptina, además de desempeñar un papel inflamatorio (secretando citoquinas).

El tipo de microbioma intestinal (flora) y la genética también juegan un papel importante en la determinación del daño hepático.

Se están aislando genes que son protectores (H63D17B13) y genes que agravan la enfermedad (PNPLA-3, TM-6, m-BOAT).

Y eso no es todo. También existen algunas enfermedades genéticas que pueden causar esteatosis hepática:

  • la hipobetalipoproteinemia, que se encuentra en personas con niveles bajos de colesterol y triglicéridos, en la que se protege el corazón y el órgano 'diana' se convierte en el hígado;
  • Deficiencia de lipasa ácida lisosomal (LAL), en la que la persona tiene niveles altos de triglicéridos y colesterol asociados con la enfermedad hepática. Esta enfermedad se puede tratar administrando la enzima faltante (sebelipasa).

Cómo tratar el hígado graso

Tenemos que desconectar el móvil del cargador de batería, es decir, introducir menos energía, y utilizarla más, es decir, aumentar el consumo de energía.

Por lo tanto, la dieta y el ejercicio son los pilares de la terapia. El objetivo no debe ser una pérdida de peso rápida (que podría dañar el hígado), sino un cambio duradero en los hábitos alimentarios y el estilo de vida.

Se debe enseñar al paciente a reducir las calorías de la dieta (p. ej., reduciendo el tamaño de las porciones), pero también a elegir los alimentos apropiados.

Se deben reducir las grasas saturadas (embutidos, quesos curados) y los azúcares simples de rápida absorción.

Un consejo útil es buscar en Google 'Índice glucémico de alimentos' y preferir aquellos con un índice bajo.

Otra medida importante es reducir los alimentos ricos en fructosa (refrescos, snacks, hamburguesas y zumos de frutas comerciales, cantidades excesivas de uvas, higos y frutas azucaradas), ya que la fructosa aumenta considerablemente la esteatosis hepática.

Actividad física regular

También es importante incluir el movimiento en tu rutina diaria: por ejemplo, dejar el coche lejos del lugar de trabajo y usar las escaleras en lugar del ascensor.

Para los más hogareños, un truco es recomendar montar en bicicleta estática durante la media hora de informativo de cada tarde.

Limitar el alcohol

Evidentemente se debe limitar el consumo de alcohol, ya que aporta calorías y en cantidades excesivas provoca daño hepático.

El límite seguro que no se debe exceder es de 2 unidades de alcohol para hombres y 1 para mujeres (una unidad de alcohol corresponde a una copa de vino promedio o una cerveza promedio o un trago de licor).

Enfermedades acompañantes

Otro aspecto importante es evaluar el riesgo cardiovascular, que casi siempre está presente, y corregirlo en colaboración con el médico de cabecera y otros especialistas.

A veces, hay enfermedades concomitantes que deben reconocerse y tratarse, como el hipotiroidismo y el síndrome de apnea del sueño.

Medicación

Algunos fármacos utilizados para controlar la presión arterial (inhibidores de la ECA y sartanes) pueden ralentizar la progresión de la fibrosis y se debe fomentar su uso.

Las estatinas, fármacos muy importantes que reducen los niveles de colesterol y el riesgo cardiovascular, también pueden tener un efecto protector del hígado (las estatinas a veces provocan aumentos leves y no amenazantes de las transaminasas, pero estos aumentos casi nunca justifican su interrupción).

Finalmente, tenemos una serie de medicamentos que ayudan al hígado a protegerse de la oxidación y eliminar las grasas (Vitamina E, Metformina, Pioglitazona y Silibina).

Muchas otras moléculas (agonistas de FXR, cenicriviroc, elafibranor, resmetiron, aldafermine y tropifexor, etc.) están actualmente en estudio y se espera que puedan introducirse para tratar esta enfermedad.

como se descubre

La prueba para diagnosticar un hígado graso es la ecografía. Una simple ecografía puede mostrar si el hígado es graso y también determinar la gravedad de la acumulación.

Sin embargo, lo más importante es evaluar la fibrosis, que da una medida del daño causado al hígado.

La fibrosis es, de hecho, el resultado de un estado de inflamación persistente.

Imaginemos que el mar es el hígado: si está en calma, y ​​por tanto no hay inflamación, no se traen escombros a la playa, creando acumulaciones (fibrosis); si por el contrario está “inflamada” por oleaje y oleaje, inevitablemente traerá escombros a la playa, que acabarán acumulándose.

Las olas representan una situación temporal, mientras que los escombros representan el daño persistente causado a la playa.

Análisis de sangre y puntajes

Una primera indicación del estado del hígado puede obtenerse de los análisis de sangre, que combinados en fórmulas (o puntuaciones) particulares dan una idea de la fibrosis que se ha acumulado en el hígado.

Como primer paso, una vez diagnosticada la esteatosis hepática, se aplican estos puntajes, siendo los más conocidos el NAFLD FIBROSIS SCORE y el Fib-4.

Si las puntuaciones son bajas, el paciente no tiene daños significativos y puede ser seguido por el médico que le dará los consejos dietéticos y de higiene adecuados.

Hígado graso, pruebas de segundo nivel

Si las puntuaciones superan un cierto umbral, el paciente debe ser valorado por un especialista que realizará pruebas de segundo nivel.

Por ejemplo, la elasticidad y la fibrosis del hígado se pueden medir mediante elastometría transitoria (TE), conocida como FibroScan, y elastografía de onda cortante (SWE), dos pruebas no invasivas que son fáciles de aplicar y reproducir.

En casos más complicados, se puede realizar una biopsia de hígado, elasto-RMN o resonancia magnética multiparamétrica (los dos últimos exámenes aún no se han incorporado a la práctica clínica común en Italia).

En casos aún más especiales, el especialista solicitará pruebas genéticas o exámenes específicos para descartar enfermedades raras.

Tras esta valoración diagnóstica, el médico puede dar la terapia farmacológica actualmente indicada para la EHGNA, derivar al paciente a centros de cirugía bariátrica en caso de obesidad severa o derivar al paciente a otros centros para su posible inclusión en estudios con nuevos fármacos.

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Fuente:

GSD

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