Examen dermatológico para revisar lunares: cuándo hacerlo

Los lunares (o nevos) son formaciones pigmentadas de la piel o de las mucosas que resultan de un desarrollo anormal de los melanocitos, células que normalmente están presentes en nuestra piel

Por lo general, los lunares aparecen como parches circunscritos, de forma redondeada u ovalada, planos o elevados en relación con la piel circundante.

Los lunares pueden variar en tamaño y color y pueden cambiar con el tiempo

Algunos cambios son inofensivos, mientras que otros, que afectan, por ejemplo, a la forma y el tamaño, pueden ser una señal de alarma.

Por este motivo es recomendable hacerse revisiones periódicas con un dermatólogo para detectar los melanomas cuando aún están en sus primeras etapas.

Nevos: ¿cómo son los tumores benignos de nuestra piel?

Conocer tus lunares es importante: estar informado es el primer paso hacia una prevención eficaz.

Por tanto, debemos saber que nuestros lunares pueden variar en forma, tamaño y color.

Un lunar puede ser plano, ligeramente redondeado o sobresalir notablemente de la piel, puede ser de diferentes tamaños y colores que van desde el rosa oscuro hasta el marrón oscuro.

Aproximadamente el 30% de los melanomas evolucionan a partir de un lunar preexistente, mientras que el 70% restante se desarrolla “de novo”, es decir, en un lugar de la piel donde previamente no había ningún lunar.

Aunque en estadios iniciales todavía es difícil distinguir entre un nevus y un melanoma, durante el examen dermatológico ya son evidentes las características que permiten al especialista destacar la presencia de un tumor maligno, o una evolución sospechosa.

Sin embargo, cuando una lesión pigmentada crece o cambia significativamente, es fácil que incluso el paciente note una campana de alarma: en ese caso es necesario contactar al especialista de inmediato.

Factores de riesgo de los lunares

Existen algunos factores de riesgo bien conocidos para el desarrollo de melanomas: personas que tienen más de 100 lunares y personas con un fototipo claro (ojos azules/verdes, piel clara, tendencia a las quemaduras solares).

En cualquier caso, es bueno que todos los pacientes, independientemente de la presencia de estos factores de riesgo, conozcan buenas prácticas para reducir la posibilidad de aparición de melanoma y los elementos a tener en cuenta a la hora de revisar su piel.

¿Cuáles son los factores de riesgo de los lunares que son modificables, es decir, no relacionados con la genética y los antecedentes familiares, para el melanoma?

Las lámparas UV son sin duda un peligro para nuestra piel y deben evitarse.

También se debe evitar la luz solar directa, por lo que es importante usar siempre protector solar con un filtro alto (SPF 50 o más) y cubrirse durante las horas más calurosas con gafas de sol, sombreros y ropa ligera pero opaca.

Las quemaduras solares y la fotoexposición intensa son, por lo tanto, los principales factores de riesgo para el desarrollo de cáncer de piel, especialmente si estos eventos ocurren temprano en la vida (infancia/adolescencia).

Lunares: signos que no deben subestimarse

Para poder controlar los cambios que sufren los lunares con el paso de los años es recomendable seguir una pauta regular de prevención, que va más allá de la observación diaria de la propia piel.

Esta última deberá llevarse a cabo en todo caso, teniendo en cuenta la “A B C D E” regla mnemotécnica que permite identificar una lesión pigmentada sospechosa y ponerla en conocimiento del dermatólogo, sin esperar al control periódico.

  • asimetría: se debe prestar más atención si un nevus es asimétrico.
  • bordes: si son irregulares
  • color: preste atención a la cantidad de colores de la lesión; no se debe subestimar la presencia de más de un color dentro de un mismo “topo”
  • diámetro: si es mayor de 6 mm
  • evolución: si lo que nos parece un lunar se desarrolla demasiado rápido, debemos considerarlo como una señal de alarma.

Revisión de lunares: una cita con la prevención

Aprender a mirar tu cuerpo y controlar el estado de tus lunares es importante, pero esto no significa que puedas prescindir de las visitas periódicas a tu dermatólogo.

Una vez que llegan a la edad adulta, todo individuo debe realizarse un control dermatológico una vez al año, especialmente en el caso de pacientes con factores de alto riesgo (en los que puede requerirse un seguimiento más estrecho por parte del especialista).

Se trata de una lente especial que permite al dermatólogo identificar la presencia de un melanoma o un nevo muy atípico antes de que sea reconocible a simple vista.

Si se reconoce en su etapa inicial, el melanoma se puede extirpar quirúrgicamente con un procedimiento ambulatorio simple bajo anestesia local.

Por otro lado, un melanoma avanzado puede representar un grave riesgo para la salud del paciente, pudiendo incluso desarrollarse metastásicamente.

Si el especialista lo considera necesario, en casos seleccionados (pacientes con numerosas lesiones, que ameritan un estrecho seguimiento) puede ser necesaria una exploración de segundo nivel, mapeo de lunares.

Este es un examen que permite monitorear el estado de lunares individuales mediante la adquisición de imágenes no solo macroscópicas sino también dermatoscópicas.

El examen consiste en la observación de todos los lunares del cuerpo del paciente, de ambos lados, mediante un videodermatoscopio computarizado, un instrumento de lente con una cámara HD que, al colocarse sobre cada lunar, brinda una imagen detallada del mismo.

Al final del examen, las imágenes se archivan y luego se superponen a las tomadas en exámenes posteriores, de modo que cualquier cambio clínicamente significativo o la aparición de una nueva lesión sean evidentes.

¿Qué hacer si se rompe un lunar?

Un lunar puede romperse, tal vez como resultado de un traumatismo o un roce brusco.

Contrariamente a la creencia popular, un lunar roto no tiene más probabilidades de convertirse en melanoma que uno sano y, por lo tanto, no es más peligroso que un lunar normal.

Sin embargo, un nevus roto no debe tomarse a la ligera: cualquier sobreinfección de la herida puede ocultar el verdadero aspecto del nevus, lo que dificulta su evaluación clínica y dermatoscópica.

En cualquier caso, un nevus traumatizado debe ser valorado por un dermatólogo junto con el resto de lunares, una vez resuelto el traumatismo (aplicando crema antibiótica si el médico tratante lo considera necesario).

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Fuente:

Humanitas

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