Ojo seco en invierno: ¿qué provoca el ojo seco en esta estación?

El síndrome del ojo seco es particularmente común en invierno. Básicamente, se trata de una alteración en el equilibrio que regula la secreción de la película lagrimal, lo que se traduce en una mala distribución de la cantidad y calidad de las lágrimas.

En invierno, ciertas condiciones pueden empeorar la correcta lubricación de los ojos, que corren el riesgo de secarse: piense en el viento frío o el aire acondicionado excesivamente caliente.

Síndrome del ojo seco: síntomas y posibles causas

En invierno, y en general con la llegada del frío, el viento cortante y el aire acondicionado caliente pueden provocar el síndrome, que puede manifestarse en forma de hipolacrimia, es decir, producción escasa de lágrimas, pero también de dislacrimia, es decir, evaporación excesiva de lágrimas.

Es la producción fisiológica de lágrimas lo que mantiene el ojo húmedo: esto puede aumentar en respuesta a estímulos particulares o cuando la superficie ocular entra en contacto con un cuerpo extraño.

El síndrome también es un efecto secundario de algunas enfermedades autoinmunes, como síndrome de Sjogren.

Los síntomas más comunes del síndrome del ojo seco incluyen:

  • fotofobia;
  • enrojecimiento de los ojos;
  • sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo;
  • ardor ocular;
  • lagrimeo alterado;
  • nubosidad visual;
  • dificultad para abrir los párpados al despertar (debido a la sequedad del ojo que se desarrolla de forma muy marcada durante la noche).

Síndrome del ojo seco: condiciones externas

También hay una serie de condiciones externas que juegan un papel en la aparición del ojo seco.

Estas incluyen

  • niebla con humo
  • humo de cigarro;
  • exposición excesiva a aire acondicionado excesivamente caliente;
  • uso excesivo de radiadores en lugares cerrados, no deshumidificados;
  • Uso diario excesivo de dispositivos electrónicos.

Síndrome del ojo seco: algunas precauciones

El síndrome del ojo seco se puede prevenir, o al menos aliviar, tomando unos simples pasos todos los días.

Por ejemplo, podrías usar gafas para protegerte del viento, limitar, cuando sea posible, el tiempo que usas diferentes dispositivos y evitar fumar, ya sea de forma activa o pasiva.

En casa, puedes evitar poner el aire acondicionado a una temperatura demasiado alta y asegurarte de deshumidificar bien la habitación para que el aire esté más seco.

De hecho, reducir la humedad en invierno conduce a una evaporación más rápida de las lágrimas y, en consecuencia, a una aparición más fácil del síndrome del ojo seco.

Beber mucha agua, seguir una dieta saludable y parpadear con más frecuencia son formas de mantenerse hidratado.

Finalmente, el síndrome del ojo seco puede estar relacionado con afecciones como la blefaritis y la conjuntivitis, por lo que se debe consultar a un oftalmólogo si las molestias persisten.

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Fuente:

Humanitas

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