Acceso intraóseo, una técnica que salva vidas en el manejo de choque de emergencia

Acceso intraóseo. Independientemente de la causa, el shock se caracteriza por hipoperfusión tisular, que conduce a hipotensión, cambios en la conciencia, reducción de la diuresis de oliguria a anuria. El manejo de una emergencia de este tipo implica la restauración de líquidos y la administración de fármacos vasoactivos.

Acceso intraóseo: una técnica que salva vidas

El tratamiento del shock requiere la provisión de al menos un acceso venoso de gran calibre. Sin embargo, ante una emergencia, existen situaciones en las que el paciente no dispone de suficiente irrigación venosa para colocar una agocánula en muy poco tiempo (menos de 90 segundos).

Esto es muy común durante el shock y, en estos casos, una estrategia que ha demostrado ser un verdadero salvavidas es el acceso intraóseo.

Se pueden administrar todos los tipos de fármacos y líquidos, incluidos sangre y plasma, por vía intraósea y se pueden tomar muestras de sangre.

Las dosis de fármacos que pueden administrarse por vía intraósea son equivalentes a las administradas por vía intravenosa; sin embargo, se debe administrar un bolo de 5 ml de solución salina después de cada infusión de fármaco.

El kit consta de la aguja, una línea de conexión (por ejemplo, Ez Connect) que debe llenarse con solución salina antes de colocar la aguja, una jeringa que se conecta a la línea de conexión y el taladro en el que se inserta la aguja.

Acceso intraóseo: la técnica correcta reduce el riesgo de complicaciones

El sitio apropiado debe ser de fácil acceso y simple de monitorear. En la literatura, los sitios más utilizados son la tibia, proximal y distal, fémur, húmero y radio.

Después de desinfectar el sitio de inserción, la aguja se inserta en un ángulo de 90 ° con respecto al hueso; una vez insertada la aguja, se desconecta la broca, se estabiliza la aguja y se retira el mandril, y finalmente se conecta la línea de conexión, desde donde se puede realizar la infusión.

El tipo de aguja (15 mm, 25 mm o 45 mm) está relacionado con el peso del paciente y la presencia de tejido blando (la aguja de 45 mm se utiliza para pacientes que pesan> 40 kg).

Las contraindicaciones para la colocación de agujas intraóseas son:

  • fracturas e intervenciones ortopédicas previas en las cercanías del sitio de acceso
  • acceso intraóseo dentro de las 24 horas anteriores
  • posible infección en el sitio de inserción
  • incapacidad para localizar el sitio de inserción.

Sin embargo, pueden ocurrir complicaciones, como:

  • dislocación de la aguja
  • obstrucción de la aguja después de la inserción
  • desbordamiento de fluido
  • infección del sitio y fracturas óseas

Para evitar estas complicaciones, la aguja debe insertarse de forma aséptica, debe realizarse un control de cualquier extravasación después de la inserción, y la aguja debe retirarse correctamente después de encontrar otro acceso venoso periférico o central, pero nunca después de 24 horas.

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Fuente:

El Royal Children's Hospital Melbourne

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