Asma: pruebas para el diagnóstico y tratamiento

El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias muy frecuente, que puede controlarse por completo siguiendo un tratamiento adecuado

Si se descuida, su gravedad aumenta y puede comprometer seriamente la calidad de vida del paciente afectado y, en casos raros, si no se trata correctamente, puede incluso tener desenlaces fatales.

El paciente asmático, debido a la hiperactividad bronquial, desarrolla una inflamación que afecta la respiración normal y provoca síntomas que incluyen tos seca, opresión en el pecho y dificultad para respirar, y sensación de ahogo.

Estos síntomas pueden variar en intensidad, desde síntomas de fácil resolución hasta aquellos que representan un riesgo real para la vida del paciente.

Asma: ¿Qué lo causa?

La reacción asmática se asocia a una reacción de hiperreactividad anormal de los bronquios a estímulos alergénicos, físicos o inmunológicos: la inhalación de polen o un cambio de humedad o temperatura ambiental, como un perfume muy intenso, pueden ser suficientes para desencadenar una crisis respiratoria.

En particular, cuando se habla de la evolución de las alergias, se debe tener en cuenta la marcha alérgica, es decir, un modo de progresión de las alergias que involucra al sujeto desde la infancia hasta la edad adulta.

Típicamente, las alergias ocurren en la infancia en el área de los alimentos, y luego cambian en el período de la adolescencia a oculo-rinitis y, más tarde, a asma.

Dependiendo de las terapias que ya se hayan implementado al inicio de los primeros síntomas y del estilo de vida del paciente (por ejemplo, predisposición al esfuerzo físico o exposición a alérgenos), el asma será más o menos grave.

Siempre es importante recordar que, aunque es una afección común que a menudo se puede controlar con terapia, el asma puede presentarse como asma grave: una enfermedad grave que provoca la aparición de crisis de asma peligrosas y repetidas a pesar de la terapia de inhalación máxima y la necesidad de para acudir al servicio de urgencias para la intervención inmediata del especialista.

Además, los pacientes que padecen asma grave deben tomar corticoides sistémicos (comprimidos o inyecciones), una terapia con numerosos efectos secundarios que repercuten de forma importante en la calidad de vida y conducen a la aparición de otras enfermedades como diabetes, osteoporosis o hipertensión.

Asma, del diagnóstico a las nuevas terapias con fármacos biológicos

Para diagnosticar el asma, el alergólogo someterá al paciente tanto a una revisión, en la que controlará su respiración con el fonendoscopio y escuchará la descripción de los síntomas, como a una prueba de función respiratoria, mediante broncodilatación estándar. o, si lo considera necesario, una prueba de broncoconstricción con metacolina, así como otras pruebas de función respiratoria específicas del paciente.

Los tratamientos más recientes para el asma implican el uso de fármacos biológicos cuya acción no involucra al sistema inmunitario en su conjunto, sino sólo a los mediadores de la inflamación que provocan la reacción asmática.

La terapia sigue un curso bien definido, comenzando en el hospital y continuando en casa, de forma independiente.

Los fármacos biológicos tienen efectos secundarios mínimos y suponen una revolución, especialmente para los pacientes con asma grave: gracias a su acción, el asma tiende a normalizarse, permitiendo al paciente interrumpir el tratamiento con corticoides y mejorar su calidad de vida al retomar una vida laboral y social normal.

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Fuente:

Humanitas

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