Psoriasis infantil: qué es, cuáles son los síntomas y cómo tratarla

La psoriasis infantil es una enfermedad inflamatoria crónica y generalmente asintomática de la piel, las articulaciones y las uñas.

La psoriasis infantil es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta la piel, las uñas y, a veces, las articulaciones.

La frecuencia se estima en torno al 3%, con una variabilidad que oscila entre el 1 y el 8.5%.

En pediatría, la psoriasis se subestima porque algunos casos con manifestaciones cutáneas mínimas o atípicas quedan sin diagnosticar.

La psoriasis se manifiesta por manchas rojizas, redondas y de bordes afilados, típicamente cubiertas con escamas blanquecinas que generalmente no pican.

El número de parches varía e incluso puede afectar a toda la superficie de la piel.

La forma más clásica se caracteriza por la afectación de las superficies extensoras de las extremidades, en particular los codos y las rodillas, y la región lumbosacra.

Además de esta forma, existen otras variantes clínicas más propias de la edad pediátrica. En todas estas formas, el cuero cabelludo y las uñas suelen verse afectados.

En el cuero cabelludo hay una intensa descamación, mientras que las uñas tienen un característico aspecto manchado (“pitting”), y tienden a engrosarse y tomar un color amarillento.

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¿Qué causa la psoriasis infantil?

Actualmente se puede considerar una enfermedad multifactorial, con una alteración genética subyacente y factores desencadenantes.

Estos incluyen traumatismos mecánicos como el roce, coexistencia con otras enfermedades (comorbilidades como obesidad, dislipidemia), infecciones de la orofaringe, factores emocionales y climáticos y ciertos medicamentos.

A veces no es posible reconocer la causa subyacente.

Las investigaciones han demostrado que la causa de las lesiones psoriásicas es una alteración inmunológica de la piel que aún no está bien identificada y un aumento del recambio de las capas superficiales de la piel.

En los lactantes la dermatitis seborreica común (comúnmente llamada crusta lattea) caracterizada por la presencia de escamas amarillentas en algunas zonas de la cara y el cuero cabelludo puede ser en ocasiones un signo de alarma en niños con antecedentes familiares de psoriasis.

En estos casos la evolución de la dermatitis confirmará o no el diagnóstico.

Psoriasis, ¿cuáles son las formas pediátricas comunes?

Las formas típicas de psoriasis en niños son:

  • Psoriasis del pañal: característica de los lactantes en los que la psoriasis se presenta en la zona del pañal con lesiones de color rojo brillante, brillantes y de márgenes bien delimitados, afectando también a los pliegues. De esta forma, las escamas suelen estar ausentes, debido al efecto de la humedad creada por el pañal; en esta forma también suele haber afectación umbilical y ungueal;
  • Psoriasis inversa: en la que se ven afectados los pliegues de flexión como axilas, ingles, zona genital y ombligo. En este caso las lesiones están intensamente enrojecidas y no hay escamas;
  • Psoriasis guttata: caracterizada por la aparición eruptiva de pequeñas placas de unos pocos mm a unos 1-2 cm de diámetro, a veces muy numerosas, distribuidas por todo el cuerpo, principalmente en el tronco. A veces, esta forma puede ocurrir después de faringitis, amigdalitis u otitis bacteriana. Se deben realizar análisis de sangre y, posiblemente, un hisopo faríngeo y un examen ORL para buscar cualquier foco de infección que deba erradicarse.

Además, en los niños, la psoriasis puede limitarse a formas mínimas con localización limitada a los párpados con parches eritematosos (rojos) con márgenes claros y, a veces, cubiertos con escamas finas.

Las otras formas cutáneas descritas en adultos y la artropatía psoriásica son excepcionales en niños.

Síntomas y pronóstico de la psoriasis infantil

La psoriasis, aparte de las manifestaciones cutáneas, es generalmente asintomática, solo en algunos casos, relacionada con el sitio de las manifestaciones, como pliegues, o con el carácter del paciente, puede quejarse de picazón.

Tiende a ser una enfermedad crónica con un curso recurrente.

La remisión de las lesiones cutáneas es transitoria por un período variable, pero es posible, sobre todo en niños, que no se repitan de por vida.

De hecho, las lesiones en los niños son menos resistentes al tratamiento.

Sin embargo, la alteración genética que subyace a la enfermedad es irreversible y por lo tanto existe una predisposición a la enfermedad que puede reaparecer en cualquier momento de la vida.

Tratamiento de la psoriasis infantil:

El tratamiento, dado que las formas en los niños suelen ser leves, es solo local.

Se utilizan cremas que contienen cortisona, calcipotriol (un derivado de la vitamina D), tazaroteno, alquitrán vegetal y antiinflamatorios no esteroideos.

Cuando la inflamación es severa, el fármaco de primera elección es la cortisona local, pero se deben seguir las indicaciones del médico.

Las cremas emolientes e hidratantes son muy utilizadas.

En lesiones descamativas y sólo en niños mayores se recomiendan cremas queratolíticas, es decir, cremas capaces de desprender las escamas y favorecer su eliminación, como las que contienen ácido salicílico, urea, mezclas de alfa y beta hidroxiácidos.

En formas particularmente extendidas puede ser útil la helioterapia (exposición al sol), aunque no hay que olvidar que la exposición excesiva e inadecuada a los rayos ultravioleta es extremadamente dañina incluso en los niños.

Por esta razón, se deben observar las mismas precauciones que para los niños sanos.

Se debe evitar el tratamiento con lámparas ultravioleta en niños, incluso en los meses de invierno, para no someter al niño a una dosis acumulativa de radiación excesiva, y por tanto dañina.

En formas graves, muy extensas, resistentes a terapias tópicas adecuadamente aplicadas, o en zonas sensibles con un impacto psicológico importante, se pueden realizar terapias sistémicas basadas en fármacos biológicos, algunos de los cuales ya están aprobados también para uso pediátrico.

Sin embargo, el tratamiento siempre debe ser propuesto por el dermatólogo tratante y el niño debe ser monitoreado regularmente para descartar efectos secundarios.

Finalmente, en niños con otras patologías concomitantes, se debe intentar el tratamiento de esta patología.

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Fuente:

el niño Jesús

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