Anemia ferropénica: qué alimentos se recomiendan

Entre las formas más comunes de anemia se encuentra la anemia ferropénica, que puede afectar tanto a hombres como a mujeres de todas las edades, con mayor incidencia en niños, adolescentes y mujeres en edad fértil o que se encuentran en proceso de embarazo y/o lactancia de sus recién nacidos.

El hierro es un mineral esencial para los procesos metabólicos y, por lo tanto, está presente en cantidades muy altas en el cuerpo.

Si sus niveles descienden, la consecuencia puede ser un menor aporte de oxígeno en sangre, ya que contribuye a la formación de hemoglobina, pero también la alteración de numerosos procesos metabólicos con consecuencias sobre el bienestar general del organismo, manifestación más típica de que es una fuerte sensación de cansancio.

La anemia por deficiencia de hierro puede ser causada por varios factores, incluidos los problemas de absorción y una dieta incorrecta.

Anemia ferropénica: ¿qué es?

El oxígeno es un elemento esencial para el bienestar de nuestro cuerpo y para la salud de los órganos, músculos y tejidos.

En particular, el oxígeno se transporta en la sangre gracias a una proteína, la hemoglobina: cuando ésta falta, porque no hay suficiente hierro para producir una cantidad adecuada, se desarrolla una anemia ferropénica.

Los principales síntomas que provoca la deficiencia de hierro son la astenia, es decir, cansancio y debilidad muy intensos y generalizados, dificultad para respirar, taquicardia, palidez, dolores de cabeza y mareos, insomnio, irritabilidad, frío en las extremidades y hormigueo en las piernas, uñas quebradizas y caída del cabello.

Esta sintomatología depende del debilitamiento del organismo, resultante tanto de la menor oxigenación de la sangre, como de la alteración de numerosas reacciones enzimáticas que dependen de la presencia de hierro, dando lugar a desequilibrios en el sistema inmunitario, el sistema de termorregulación y el sistema de neurotransmisión del cerebro.

¿Cuáles son las causas de la anemia ferropénica?

La deficiencia de hierro puede resultar de varias condiciones y enfermedades.

Los principales factores de riesgo de la anemia ferropénica son el embarazo y la lactancia, ya que en un momento en que el feto se está desarrollando y el recién nacido está siendo alimentado, la mujer necesita una mayor ingesta de hierro.

La deficiencia de hierro también puede estar asociada con hemorragias, tanto externas como internas y, por lo tanto, no visibles.

Esto es propio de determinadas patologías, como la hernia de hiato, los tumores, la úlcera péptica o el pólipo de recto, pero también de condiciones fisiológicas como el ciclo menstrual.

Las enfermedades intestinales crónicas que interfieren en el metabolismo, como la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa o la enfermedad celíaca, así como aquellas cirugías en las que se han extirpado tramos de intestino o se han realizado bypasses intestinales, también pueden provocar anemia.

Incluso en personas sanas, una dieta desequilibrada en la que no estén presentes alimentos que proporcionen una ingesta adecuada de hierro puede conducir al desarrollo de anemia.

La dieta, sin embargo, es algo en lo que podemos influir directamente a través de nuestras elecciones de alimentos.

Hierro bajo: ¿qué comer?

El hierro lo encontramos en los alimentos que ingerimos habitualmente en forma de hierro hemínico, en los alimentos de origen animal, o hierro no hemínico, en los vegetales.

El hierro hemínico es absorbido por el organismo muy rápidamente y en grandes cantidades, mientras que el hierro no hemínico sólo se absorbe en un 10%.

Los alimentos más ricos en hierro hemático son el hígado (que, de hecho, a menudo se da a los niños) y las vísceras, pero también, de manera más general, la carne de res, cerdo, cordero, caballo, pollo, pavo y pintada proporcionan un suministro adecuado de hierro.

Siempre hay que tener en cuenta que una dieta rica en carnes rojas puede provocar un aumento del colesterol y ser un factor de riesgo de diversas enfermedades, por lo que debe seguirse bajo la supervisión de un dietista especialista.

Entre los pescados, en cambio, los alimentos más útiles en caso de deficiencia de hierro son los crustáceos, moluscos y pescados como la trucha, el atún, el bacalao, las anchoas y las sardinas.

Las verduras de hoja verde como la lechuga y los frutos secos como las nueces y las avellanas, las almendras y los pistachos también contribuyen a la ingesta de hierro. También se pueden agregar a la dieta fuentes de proteínas ricas en hierro como frijoles, lentejas, garbanzos, altramuces y tofu. Finalmente, una dieta equilibrada también incluye el uso de pasta, pan y cereales, que contienen una cantidad variada de nutrientes.

También hay que tener en cuenta que la vitamina C contribuye a la absorción del hierro: un truco puede ser, por tanto, añadir zumo de limón a la comida que vamos a comer o al agua que bebemos durante las comidas, o utilizar verduras ricas en vitamina C como como tomates, pimientos, col y brócoli como guarniciones, o para terminar las comidas con cítricos o verduras como el kiwi, las grosellas y las uvas.

Por último, las personas que desarrollan anemia deben limitar la ingesta en las comidas de ciertos alimentos que dificultan la absorción del hierro, como los lácteos, el café, el té y el chocolate.

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Fuente:

Humanitas

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